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Los secretos de la sorprendente amistad entre Carly Simon y Jacqueline Kennedy

La cantante desvela en un libro lo que pensaba la primera dama sobre sus dos maridos, John F. Kennedy y Aristóteles Onassis, sus preocupaciones como madre y su ansia de libertad

Carly Simon
Carly Simon y Jackie Onassis, en una librería de Martha's Vineyard, Massachusetts, en 1989. Getty Images

Las posibilidades de que dos personas públicas tan dispares como la cantante Carly Simon y Jacqueline Kennedy Onassis —quien fue esposa del presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y, después, del armador griego Aristóteles Onassis—  se convirtieran en amigas eran remotas, pero ocurrió. Las presentó el hijo de la segunda, John Kennedy Jr, durante una fiesta en Martha's Vineyard en 1983. Y desde entonces y hasta la muerte de Jackie en 1994, a los 64 años, mantuvieron su complicidad y cercanía.

Ahora, 25 años después de haber perdido a su amiga, la artista se ha decidido a publicar un libro, Touched by the sun. My friendship with Jackie (Tocada por el sol. Mi amistad con Jackie), en el que da detalles sobre el tiempo y confidencias que compartieron y que precisamente lleva como título el de una canción que Simon le dedicó tras su muerte: Touched by the sun 

Carly era 16 años menor que Jackie y su estilo musical y letras biográficas la habían convertido en una de las cantantes más populares de los años setenta y ochenta. Jackie era la viuda del presidente más mediático que ha tenido Estados Unidos, la imagen imborrable que la memoria colectiva seguía viéndola a su lado en aquel coche descubierto en el que fue asesinado durante su recorrido por las calles de Dallas en 1963. Cuando ambas se conocieron también era ya la viuda de otro mito muy diferente a su primer marido: el armador griego Aristóteles Onassis. El poseedor de una fortuna millonaria y de una isla privada, Skorpios, que fue testigo de un romance que sorprendió al mundo. También lo fue de encuentros de la jet-set internacional y de la vida plagada de tragedias de una familia que fue su propietaria hasta que la nieta del empresario, Athina Onassis, la vendió a principios de 2015.

John F. Kennedy y su esposa Jacqueline en Washigton, durante su etapa en la Casa Blaca.
John F. Kennedy y su esposa Jacqueline en Washigton, durante su etapa en la Casa Blaca. GtresOnline

Entre la cantante y la mujer del presidente existió esa conexión que se da entre contrarios que en el fondo no lo son tanto. "Jackie podía ser neurótica, bohemia y estar en todas partes, pero tuvo que ser siempre correcta", ha comentado Simon sobre ella con motivo del libro que saldrá a la venta el próximo 22 de octubre. "Yo era quien ella no era. Creo que eso fue lo que le gustó", afirma la cantante. Al mismo tiempo justifica su decisión para escribir sobre ella afirmando que se pensó mucho hacerlo porque Jacqueline siempre intentó proteger su intimidad y no ser el centro de una atención que nunca había buscado, pero afirma que "si alguien afecta a una vida como Jackie lo hizo" en la suya, "no se puede no escribir sobre ella".

Aún quedan casi dos semanas para que el libro salga a la venta, pero algunas de las anécdotas que la cantante ha ido desgranando en una entrevista en la revista People van descubriendo el grado de confianza que se estableció entre ellas. Carly Simon cantó en la boda de Caroline, la hija mayor de su amiga, con Edwin Schlossberg, en julio de 1986. Y escuchó sus preocupaciones de madre sobre su hijo John John, su vida errática durante unos años y sus novias. Por ejemplo, no le gustaba para él la actriz Daryl Hannah, pero se horrorizó aún más cuando su hijo tuvo un breve idilio con Madonna.

"Cuando conocí a Jackie", explica Simon en la entrevista, "no imaginé que tuviéramos tanto en común y mucho menos esperaba que ella se convirtiera en mi editora de libros, confidente, figura materna protectora y amiga traviesa. Ella llegó cuando menos esperaba hacer un nuevo amigo y fue así hasta el momento de su muerte". La amistad entre las dos mujeres no fue nunca un secreto, pero Carly Simon tampoco se ha explayado nunca hablando sobre ella.

Jackie Kennedy y Aristóteeles Onassis abandonando el restaurante Maxim's de París en mayo de 1972.
Jackie Kennedy y Aristóteeles Onassis abandonando el restaurante Maxim's de París en mayo de 1972. Cordon Press

Ahora descubre lo que Jacqueline Kennedy Onassis sintió por sus dos famosos maridos. Desvela que estaba al tanto de las aventuras amorosas de John F. Kennedy, pero que entendió que su esposo había cometido "errores estúpidos y que sabía que él la amaba profundamente, por encima de ellos". El asesinato del presidente era un tema tabú para quien conocía bien a Jackie. "Estaba fuera de los límites", afirma Simon. Recuerda que un día de 1992 fueron al cine. Era la época en la que se proyectaba la película de Oliver Stone JFKJackie había elegido a propósito una sala en la que el filme no estaba en cartelera. La cantante le preguntó de forma automática si lo había visto y su reacción fue muy gráfica: "¡No, no, no Carly!", le contestó. "Después, durante la película, se encorvó en su asiento y se estremeció cada vez que hubo un disparo", cuenta ahora Simon. También cuenta que trató de disculparse con su amiga y que ella le llegó a decir que seguía muy afectada por las imágenes y los sonidos de aquel día aciago en el que murió su marido. 

Sobre Aristóteles Onassis, Jackie le confesó que era muy sexy, que le cantaba en su yate, que la llevó a lugares increíbles para hacer el amor, pero que, a juicio de Carly Simon, "sabía que casarse con él era un gesto de chica mala". "Nunca supe si defendió su propia decisión o si realmente lo amaba", reflexiona.

La imagen siempre perfecta de Jacqueline contrasta con los recuerdos de la cantante: "Era increíblemente divertida y bromista". En un artículo de Vanity Fair publicado en 1995 se describe a Carly Simon como uno de esos espíritus afines de los que se rodeó Jacqueline Kennedy: "Los amaba porque eran espíritus libres y espontáneos, algo que ella no podía ser. La vida controlada a la que le obligó su estatus pedía a gritos aires expansivos y más incontrolados que los suyos. Ella a cambio se entregaba a la amistad sin condiciones: "La he echado de menos profundamente y me acuerdo de ella todos los días. En los últimos años me encontré haciendo lo que siempre he hecho con las cosas importantes de mi vida y que por eso no era capaz de comprender mientras sucedía: plasmarlas en un papel. Descubrí que escribir sobre nuestro tiempo juntas era la única forma de comenzar a saber lo que ella significaba para mí". 

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