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Berlín se pone la kipá

Miles de alemanes salen a la calle para protestar contra el antisemitismo tras un ataque que ha indignado al país

Manifestantes con kipá en Berlín el 25 de abril de 2018.
Manifestantes con kipá en Berlín el 25 de abril de 2018. AFP

La kipá como símbolo para luchar contra el antisemitismo. Miles de manifestantes respondieron el miércoles a la convocatoria de la comunidad judía de Alemania, consternada tras un reciente ataque a un joven con kipá, que ha despertado la indignación en el país. La preocupación es tal, que Josef Schuster, presidente del consejo central de judíos en Alemania, ha desaconsejado incluso “mostrar abiertamente el uso de la kipá en grandes ciudades en Alemania” a diario. Porque por asombroso que parezca, el antisemitismo persiste en Alemania, 70 años después de la Shoah.

La cita de Berlín se repetía en otras ciudades alemanas, mientras políticos y medios de comunicación se movilizaban para mostrar su apoyo. El ministro de Exteriores, Heiko Maas, ha colgado una foto suya en tuiter con una kipá en la cabeza y con un texto en el que asegura que las agresiones a judíos en Alemania son “un ataque a todos" los alemanes. La primera página del izquierdista Tageszeitung era el miércoles una kipá recortable, con la que animaban a sus lectores a acudir a la marcha.

Stefan Trieweiler, de 69 años, creció en la posguerra y es “hijo de padres nazis”. No es judío, pero ha venido con unos amigos a la concentración “para mostrar solidaridad" y porque como alemanes, tienen una "responsabilidad especial". “La situación en Alemania no es mucho peor que en otros países. Hay una corriente antisemita en toda Europa”, piensa.

El ataque a Adam Armoush, un joven árabe-israelí de 21 años que paseaba por un barrio acomodado de Berlín con una kipá en la cabeza la semana pasada, ha sido el último de una serie de episodios que han puesto en alerta a la comunidad judía y a las autoridades germanas. La canciller, Angela Merkel, habló este fin de semana de la emergencia de “un nuevo tipo de antisemitismo” procedente de Alemania, pero también de refugiados de origen árabe. La canciller Merkel ha prometido “reaccionar”. El vídeo del ataque a Armoush en seguida se viralizó, y en él puede verse cómo un joven saca un cinturón y le golpea al grito de “judío”. Armoush, que no es judío, explicó después a la prensa que quería demostrarle a un amigo que no era peligroso caminar con una kipá por Berlín y que se equivocó. El agresor, un refugiado sirio de 19 años acabó entregándose a la policía.

“Se trata de un incidente en un barrio acomodado, de moda. Esto representa una nueva dimensión”, ha dicho Schuster, del consejo central de judíos, quien ha sugerido sustituir la kipá por gorras de béisbol, para pasar desapercibido. Cuando una autoridad “considera necesario recomendar a los judíos que disimulen su identidad, es evidente que las autoridades alemanas han fracasado a la hora de proteger a sus ciudadanos”, ha estimado Abraham Cooper, del Centro Simon Wiesenthal en un comunicado. Unos 200.000 judíos viven ahora en Alemania, la mitad de ellos en Berlín.

Devolver premios a modo de protesta

El ataque al joven en la calle sucedió en medio de una intensa polémica por la decisión de premiar a dos raperos, Kollegah y Farid Bang con el Echo, el gran premio de la música alemana. En la letra de una de sus canciones, los artistas dicen que “mi cuerpo está más marcado que el de los prisioneros de Auschwitz”. El prestigioso director de orquesta, Daniel Baremboim, al frente de la ópera Estatal de Berlín, ha anunciado esta semana que devuelve su premio Echo en protesta por el galardón a los raperos, con letras “claramente antisemitas, misóginas y homófobas”. Después de Baremboim, el violinista francés Renaud Capucon también ha anunciado que devolverá sus premios en señal de protesta. El miércoles, la organización de los Echo optó por suprimir el prestigioso premio.

El debate sobre el recrudecimiento del antisemitismo en Alemania estalló el pasado diciembre, cuando durante una manifestación contra el traslado de la embajada de EE UU a Jerusalén se quemaron banderas israelíes en pleno centro de Berlín. Desde entonces, la intensidad del debate acerca de las causas de los ataques antisemitas y el papel de los refugiados en las agresiones no ha dejado de crecer, instrumentalizado por la extrema derecha.

Julia Bernstein, profesora de la Universidad de Frankfurt ha participado en la primera comisión del Parlamento alemán sobre el antisemitismo, con un estudio en el que han detectado que “utilizar la palabra judío como insulto se ha popularizado en las secuelas. No es que ahora haya más ataques, es sobre todo que se ha roto el tabú, que ya no hay miedo a decir ciertas cosas en público”. La investigadora explica a este diario que es un problema que afecta “a todos los entornos educativos y culturales. Lo observamos también en centros de educación superior donde no hay inmigrantes”.

La policía alemana registró 1.453 incidentes antisemitas en Alemania el año pasado, 32 de ellos con violencia, según se desprende de una respuesta del Gobierno a una reciente pregunta parlamentaria. Se trata de una cifra muy similar a la del año anterior. La mayor parte —1.377 corresponden a ataques procedentes de entornos neonazis, según el recuento oficial, aunque organizaciones judías creen sin embargo que está infrarrepresentado lo que en Alemania llaman “antisemitismo importado”, es decir, el que traen de sus países de origen los inmigrantes y refugiados.

Berstein explica que esas estadísticas explican más bien poco, porque responden en buena medida a la utilización de simbología nazi, prohibida por ley, al margen de quién la haya utilizado y que en cualquier caso, sus estudios indican que "la mayoría de las agresiones no se denuncian".